Columnas de opinión
Educar no es someter
Para los estudiantes, la realidad de la educación escolar es menos flexible y más asfixiante que pedagógica, pues el silencio y la obediencia han pesado más que la libertad del alumnado al momento de cuestionar e intervenir en su propio proceso formativo. Durante años se nos ha vendido la idea de que el buen alumno es aquel que sigue instrucciones, no genera problemas y estudia responsablemente.
Sin embargo, se trata de un reduccionismo desfavorable tanto para el país como para el alumnado. De este modo, si lo que se obtiene de este estándar es desafección por la educación, no se cuestiona si el sistema está siendo efectivo en su objetivo. En su lugar se tildan a todos esos jóvenes como indisciplinados o meras víctimas de su contexto social, descargando la responsabilidad fundamental en las familias.
Debemos saber que, si algo decidirá el futuro de Chile, ese algo será el cómo educamos a las generaciones que serán responsables de este. Cuando notamos indisciplina académica en el estudiantado, debemos dejar de pensar que es inherente a la condición de algunos estudiantes problemáticos, debe hacerse ver que es una reacción al entorno educativo en el que se encuentran.
Para los estudiantes, la realidad de la educación escolar es menos flexible y más asfixiante que pedagógica, pues el silencio y la obediencia han pesado más que la libertad del alumnado al momento de cuestionar e intervenir en su propio proceso formativo. Durante años se nos ha vendido la idea de que el buen alumno es aquel que sigue instrucciones, no genera problemas y estudia responsablemente.
Sin embargo, se trata de un reduccionismo desfavorable tanto para el país como para el alumnado. De este modo, si lo que se obtiene de este estándar es desafección por la educación, no se cuestiona si el sistema está siendo efectivo en su objetivo. En su lugar se tildan a todos esos jóvenes como indisciplinados o meras víctimas de su contexto social, descargando la responsabilidad fundamental en las familias.
Debemos saber que, si algo decidirá el futuro de Chile, ese algo será el cómo educamos a las generaciones que serán responsables de este. Cuando notamos indisciplina académica en el estudiantado, debemos dejar de pensar que es inherente a la condición de algunos estudiantes problemáticos, debe hacerse ver que es una reacción al entorno educativo en el que se encuentran.
Michel Foucault en su obra Vigilar y castigar (1975) mostraba cómo las escuelas, las cárceles y los cuarteles comparten la misma lógica de control y obediencia. Existe una clara costumbre, casi un dogma al sistema educativo existente por un sector de la población, que cree que su experiencia individual valida al sistema actual o que el hecho de que sea funcional es suficiente para no discutirlo más. Esta costumbre junto a la carencia de pensamiento crítico para evaluar el sistema es precisamente lo que produce ese tipo de pensamiento que perpetua un sistema que enseña a obedecer mientras promueve la libertad y el pensamiento crítico personal.
Ahora bien, la educación se imparte entre el núcleo familiar y el colegio del alumno, de modo que cuando uno falla, es el otro quien debe suplir las carencias. No obstante, el sistema educativo tiende a destacar la responsabilidad familiar por encima de las fallas que el mismo posee. Es cierto que muchas familias entregan una crianza deficiente, pero tenemos que separar las cosas. Que un alumno provenga de un contexto familiar sin una buena crianza no significa que el colegio pueda lavarse las manos de la desafección por el estudio que contrae. A fin de cuentas, el interés por el aprendizaje, la convivencia con otros compañeros y la formación humana de los alumnos son responsabilidad del sistema educativo. Vivimos en un sistema donde el éxito se presume con institucionalidad, pero la deserción, el desajuste y el despertar de una mente autónoma, se esconden bajo la alfombra de los problemas personales/contextuales del alumno. Tanto como se ven estudiantes que salen adelante pese a su contexto familiar, hay estudiantes que lo hacen pese al colegio, en ambos casos el sistema educativo sigue hablando de trabajo colaborativo.
En definitiva, la educación necesita un cambio de paradigma en cómo la entendemos, ser conscientes de su relevancia, a dónde está dirigiendo el futuro de nuestro país y no infantilizar el pensamiento del alumnado disconforme. Nuestro país tiene muchos asuntos que necesitan cambios, la educación tal vez sea de los que más necesiten para cambiar la costumbre a la obediencia sin criterio. Ha habido esfuerzos por cambiar el enfoque de las instituciones, pero son insuficientes si no vienen acompañados de un fuerte compromiso con el cambio entre alumnos y docentes. Somos la base del cambio para nuestro país. Solo la consciencia y el criterio nos harán libres, pero me pregunto ¿qué pasará con Chile?
Diego Luciano Miranda Salgado
Presidente del Centro de Alumnos del Colegio Santa Marta de Coquimbo

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