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“La vida es muy corta y bonita para rendirse”: la historia de Luciano tras su alta de la UHPIA del Hospital de Coquimbo

Hay despedidas que no son fáciles, especialmente cuando el lugar que dejas atrás se convirtió en parte importante de tu historia. Eso fue lo que le pasó a Luciano, joven de 15 años quien a inicios del mes de octubre fue dado de alta de la Unidad de Hospitalización Psiquiátrica Infanto Adolescente (UHPIA) del Hospital de Coquimbo, un lugar donde encontró apoyo, contención y el cariño de todas las personas que estuvieron junto a él durante este proceso.

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|16 de octubre de 2026|9 minutos de lecturaAgregar El Coquimbano
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  • Tras cerrar un ciclo en la Unidad de Hospitalización Psiquiátrica Infanto Adolescente (UHPIA) del Hospital de Coquimbo, hoy se despide de este espacio donde encontró apoyo, cariño y herramientas que ahora lleva consigo para enfrentar una nueva etapa.

Hay despedidas que no son fáciles, especialmente cuando el lugar que dejas atrás se convirtió en parte importante de tu historia. Eso fue lo que le pasó a Luciano, joven de 15 años quien a inicios del mes de octubre fue dado de alta de la Unidad de Hospitalización Psiquiátrica Infanto Adolescente (UHPIA) del Hospital de Coquimbo, un lugar donde encontró apoyo, contención y el cariño de todas las personas que estuvieron junto a él durante este proceso.

Afuera lo esperaba su madre, muy emocionada por el inicio de esta nueva etapa, aunque confiesa que al principio le costó aceptar que su hijo recibiera apoyo en el recinto, pues imaginaba un espacio más frío y menos acogedor. Sin embargo, sus temores comenzaron a desaparecer desde la primera visita, cuando pudo conocer el trabajo del equipo y la forma en que acompañaban a los pacientes.

“Llegué al hospital sabiendo nada de este lugar. Nosotros ingresamos a través de urgencias, por una situación ocurrida con mi hijo, y ahí me explicaron que existía la derivación a la UHPIA. Tenía un poco de temor, debo reconocer que pedí venir a ver la unidad primero. Sabía que mi hijo necesitaba la atención, pero para mí era como muy fuerte que un niño estuviera en psiquiatría, por el desconocimiento, por la ignorancia y por no conocer el lugar como mamá y como usuaria. Me imaginaba un espacio frío, bueno lo que uno ve en la televisión por decirlo así, pero los profesionales siempre me reforzaron que era lo mejor para él y que estaban las puertas abiertas para que pudiera conocer el lugar”, explica Patricia Contreras, madre de Luciano.

“Me siento muy orgulloso de lo que logré estando en la UHPIA”

Para muchos niños y adolescentes, una hospitalización psiquiátrica puede ser un momento difícil, pero también convertirse en una experiencia que marca un antes y un después. En el Hospital de Coquimbo, el acompañamiento busca justamente que este periodo sea una oportunidad para recuperar herramientas y volver a mirar la vida con esperanza.

“Me está costando mucho dejarlo porque es algo muy nostálgico, ya que fue un lugar que me enseñó que la vida es muy corta y bonita como para rendirse y que de todo se sale. La rutina, todas las tías, los tíos, es maravilloso el lugar. Realmente cambia a la gente y me siento muy orgulloso de lo que yo logré estando en la UHPIA”, relata Luciano, minutos después de dejar este espacio.

Es que su experiencia da cuenta de cómo una hospitalización puede convertirse en mucho más que un proceso de tratamiento, ya que en un momento de especial vulnerabilidad, encontrar un entorno seguro y construir vínculos de confianza puede marcar una diferencia en la forma de enfrentar las dificultades. Una experiencia que también transforma la percepción que las familias tienen de la hospitalización psiquiátrica.

“Ellos se sorprenden, ya que aquí no es como en las películas, ¡al revés! Lo pasan bastante bien y algunos piden pasar directamente a la UHPIA, bueno se va generando un sello. Y tal vez parte de ese sello está puesto en nuestras paredes. Ahora acabamos de pintarlas nuevamente de blanco porque no quedaba espacio de todos los niños que han pasado por acá y ponen sus manitos. Ellos colocan sus manos cuando se van de aquí, así que ese es el sentido, estamos para ayudar a las personas dentro de nuestras capacidades”, indica el Dr. Héctor Carrasco, psiquiatra de la Unidad de Hospitalización Psiquiátrica Infanto Adolescente del Hospital de Coquimbo.

Terapia farmacológica y un programa estructurado de actividades

En la primera visita a la UHPIA, Patricia recuerda que el ambiente era muy tranquilo. Ver a otros adolescentes con su propia ropa y compartiendo juntos le dio confianza. Además, destaca que los profesionales supieron orientarla y transmitirle seguridad en el momento justo.

“Uno como mamá entra en todos los estados de ánimo, de negación, todo, y lo ve todo mal. De verdad le diría a otros padres que hay que hacerlo. Acá están en un lugar adecuado, tranquilo, con una rutina de sueño y de descanso, con pautas establecidas, vienen los psiquiatras, los médicos, las terapeutas, la psicóloga y todo el equipo en general. Todos juegan con ellos, los acompañan, hacen talleres de cocina y diferentes cosas, es que a veces se han olvidado de ser niños y acá vuelven a la rutina que deberían tener. El estar con su cabeza descansada y dormir sus horas suficientes se nota, yo a las 24 horas de estar acá le vi a mi hijo su cara más descansada. Ya no estaba con esas ojeras terribles, no era ese cansancio, esa irritación, si bien es cierto que estaba medicado, ya se sentía que su cuerpo físico estaba descansando”, señala.

Quienes ingresan a la UHPIA lo hacen a través de la Unidad de Emergencia, desde donde son derivados hasta Pediatría para luego ser evaluados por un profesional de Psiquiatría, quien define su incorporación a la unidad. “Ellos llegan con dolor, con pena, con rabia, por intento suicida o con su mente confundida. Sin duda, el trabajo de la familia nos permite poner límites, porque a veces hay sistemas familiares que tienen sus conflictos que no son solucionables en una hospitalización y deben seguir siendo tratados en la parte ambulatoria y trabajados desde un modelo bastante más integral. El niño es un 30% de síntomas por enfermedad biológica y el 70% es la familia, el entorno, tal como un pececito en el agua. Si el agua está contaminada, el pececito no respira. Y en ese sentido, todos necesitamos que nuestro entorno sea bueno, pero ellos también entienden que no pueden solos”, complementa el Dr. Héctor Carrasco.

Para apoyar este proceso, en la Unidad de Hospitalización Psiquiátrica Infanto Adolescente no se permite el acompañamiento diario de padres. En su lugar se realizan visitas tres veces a la semana, que son supervisadas por el equipo médico. Además, junto con la terapia farmacológica, el tratamiento contempla un abordaje conductual y un programa estructurado de actividades que contribuye a la recuperación de cada paciente.

“Todos se duchan, se lavan sus dientes, hacen su cama y después toman desayuno. Se controlan sus signos vitales y son evaluados por el psiquiatra o la psicóloga. Después tienen alguna terapia que puede ser grupal con el kinesiólogo, y luego el aula hospitalaria, donde tienen clases de Educación Física, de Música, de Teatro o hacen manualidades, y también participan en talleres de repostería. En la tarde reciben su visita presencial o videollamada con familiares, toman once, ven alguna película o realizan alguna actividad motora, y en la noche parten su terapia farmacológica. Ellos se duchan, comienzan con aromaterapia los que tienen dificultades para conciliar el sueño, pero a las 9 de la noche ya están todos durmiendo, alcanzando unas 10 horas de sueño continuo, que es parte de lo que esperamos que puedan lograr aquí”, comenta Andrea Avilés, enfermera jefe de la UHPIA.

Plan individual para abordar las desregulaciones

Una de las cosas que más consultan los padres y tutores es cómo realizan en la unidad el manejo de algún desajuste conductual, ya que temen que se los mantenga amarrados. En estos casos, Andrea les explica que lo primero que se hace es conversar con el paciente para saber cuáles son sus opciones ante alguna desregulación emocional.

“Le preguntamos qué le gustaría que hiciéramos. Si quiere que me acerque o que le dé su espacio, que conversemos, que le ponga música o si quiere estar en un lugar solo. De esa manera tenemos un plan individual para cada niño sobre cómo enfrentar situaciones difíciles. Hay algunos que al ingreso requieren atención y vigilancia 24/7, y trabajamos con un TENS que efectivamente anda todo el tiempo con el paciente, hasta cuando el riesgo o la ideación suicida, por ejemplo, va disminuyendo. Muchas veces los padres tienen miedo del manejo de las personas con agitación psicomotora, pero el equipo está entrenado en trabajar la contención desde lo ambiental, pasando por lo verbal, lo farmacológico, y en último momento o como medida de salvataje, realizamos la contención mecánica o física. De todos los hospitalizados durante este año, solo hemos requerido una contención física, y por un periodo muy corto”, aclara.

El promedio de estadía en la UHPIA varía entre 14 y 21 días, tiempo en que los mismos padres ya notan cambios. “Lo veo bien, más tranquilo, descansado, más sereno, también ha asumido su tratamiento. Sé que necesita una terapia larga, pero ya esto es el comienzo. Mi hijo igual tiene 15 años, tocó fondo, para mí fue terrible, lo es todavía, pero se puede, aunque obviamente no se puede solo. Le diría a cualquier padre o familia que esté en esta situación que hay que confiar en los profesionales, porque ellos tienen la preparación y nosotros tenemos el amor de madre, de padre, y si nos unimos con este equipo, hay muy buenos resultados”, destaca Patricia Contreras, madre de Luciano.

Con el acompañamiento de los equipos de salud y el apoyo de su hogar, los niños y adolescentes pueden recuperar progresivamente su bienestar y comenzar una nueva etapa en sus vidas. Así lo demuestran las experiencias de Luciano y su madre, que reflejan cómo una hospitalización no define a una persona, sino que puede convertirse en una oportunidad para detenerse, recibir apoyo y encontrar nuevas razones para seguir adelante.

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